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EVOLUCIÓN

La experiencia para sobrevivir le ha enseñado mucho. Sabe salir airoso de cualquier situación. Intenta concentrarse y olvidar por un momento que todo ha cambiado, que ya nada será igual, ni siquiera parecido, y cree que esta vez no será distinto; por encima de todo no va a huir, no abandonará lo único diferente que le ha ocurrido en la vida, aunque esté horrorizado por lo extraordinario de esa situación. Después de todo, siempre se ha apoyado en la fuerza para hacerse un sitio en la sociedad que le ha tocado vivir, entre la gente de su misma condición, y lo ha conseguido.
Él puede concentrarse. Intentar aprender de todo esto y conseguir sacar el máximo provecho, pues ¿acaso no se siente (su aspecto, su furia, su potencia) la persona más poderosa de todas?
¿O quizás no?
Empieza a darse cuenta de que la vida, su vida, ahora es distinta. Debe aceptar lo antes posible todo lo que le ha ocurrido y sacarle partido. Estudia la situación desde otra perspectiva.

¿Y si todo esto fuera temporal? ¿Acaso, igual que todo ocurrió en un momento, no puede deshacerse en otro? ¿ de dónde sale esta capacidad, esta fuerza hercúlea y a la vez tan difícil de dominar? ¿ por qué a él y no a otro? ¿ qué tiene de especial para que el destino le haya elegido? O no ha sido el destino, y entonces, ¿quién?
Y de pronto se hace una pregunta que le marcará para siempre y le convertirá en un paria social, en una persona perseguida para siempre por ¿ si misma?
¿Qué daño he causado?
En todo el tiempo que lleva despierto, su cabeza ha estado trabajando muy deprisa intentando dar respuestas inmediatas a cada una de las preguntas que se va haciendo para poder soportar el siguiente segundo, y quizás con la esperanza de ser más fuerte interiormente y aceptar la situación tal como es, pero ahora se ha hecho una pregunta cuya respuesta le hace retroceder hasta el momento en que notó como esa fuerza externa le abordaba y se introducía en su alma, cómo intentó resistirse durante un segundo, cómo su abrumadora presencia le derrotaba antes de que ni siquiera su cerebro pudiera acostumbrarse a ese ataque y se resistiera de alguna manera, y cómo dejó de ser él mismo y todos sus odios, todas sus frustraciones y rabias se unían, se unificaban de pronto y explotaban en una sola , poderosa y extraña forma física dotándole de la oportunidad de vengarse de todo lo que durante su vida le amargó, de todo lo que le impidió reír, ser feliz...
Tenía delante de si la representación social de las fuerzas del orden; su mente está ardiendo por dentro, no puede pensar con claridad, y cada vez es más difícil encontrar el camino de huida, hasta que de pronto dejó de ser él mismo, su cabeza le dejó de doler y se sintió con fuerzas suficientes para hacer lo que nunca pensó que haría:
Salir hacia ellos para atacar a cuerpo descubierto ¿ a cuerpo descubierto?
Imposible.
Si así fuera, le hubiesen abatido en cuanto hubiera dado los dos primeros pasos, en cuanto hubiera estado a tiro, y sin embargo, no tiene ni un rasguño, sólo sus harapos y su horrible aspecto, su nuevo cuerpo deformemente musculado.
Entonces ¿ cómo puede pasar un cerco policial, aunque sus músculos estuvieran hiper desarrollados? ¿es que están hechos a prueba de bala? Ja, Ja, Ja... ¿o quizás sí?
Imposible.
Su cabeza no puede más. Está empezando a llegar a conclusiones imposibles. A situaciones que no pueden ocurrir, y sin embargo, no encuentra otra explicación plausible para tanto anacronismo, para explicar cada paso que le ha llevado a estar donde está.
Decide que no puede ser cierto. Debe ser otra la respuesta, que por alguna razón se escapa a su entender, que quizás no piensa con demasiada claridad debido a su nuevo estadío y decides que, a pesar del riesgo, visitará la zona en la que todo ocurrió y ver con sus propios ojos que pudo pasar y así, descubrir la verdad que ahora  no ve.
Busca entre las cajas, entre los contenedores mal olientes del callejón en busca de alguna prenda que le pudiera servir para disimular su terrible aspecto y ocultarlo del resto y así intentar llegar con la mayor discreción posible.
No encuentra nada de su tamaño, de su nuevo tamaño. De hecho, empieza a creer que no existe ropa para esconder tan descomunales músculos, pues desde luego, no se había parado a observarse con detenimiento hasta ahora.
Todo su cuerpo es un cúmulo de músculos acerados, extendidos al máximo, siempre en tensión, cubiertos de una red de venas azuladas que le confieren un aspecto siniestro, casi espectral.
Su piel no ayuda a disimular un ápice todo lo que va descubriendo. Ahora se torna en un tono grisáceo en diferentes matices llegando en las extremidades casi al blanco, y en el tronco a un gris oscuro, sucio.
No le ayuda mucho, pues no pasa desapercibido ni por el día ni por la noche. Sus dedos ahora se han vuelto torpes, agrestes, severos y grandes, muy grandes, y su habilidad con ellos no es más que un recuerdo, pues es como si estuviese dentro de un cuerpo que no es el suyo, que no le pertenece.
Descubre, con cierto horror, que su transformado cuerpo aún le guarda alguna sorpresa más. Su pelo se cae literalmente, apenas si le queda algún mechón todavía y le asusta pensar como será su nueva cara, la cara, Dios, que no haya cambiado, si no...
Busca un objeto donde se pueda reflejar y descubrir cualquier cosa, a pesar de todo, pues quiere terminar cuanto antes con este estado de ansiedad que le domina. Pase lo que pase, sabrá encajarlo.
No lo encuentra, le contraría, le tranquiliza un instante, pero insiste. A unos metros a su izquierda, junto a una de las paredes del callejón, un sucio charco de agua estancada, casi putrefacta, le servirá de espejo. Se detiene un momento antes de inclinarse a observar y lanza un grito de angustia, de dolor infinito del alma, pues es lo que siente que le han robado.
Podría soportar todo lo demás, pero su cara ya no es la tuya, ni siquiera tiene aspecto humano. Sus ojos dan miedo, pues son de un color verde metálico, donde no hay pupila, solo ese color que le inunda y te ocupa todo él.
La parte superior de la cara está recubierta de una especie de caparazón oscuro, como de coraza negra y fría, imposible de quitar, formando parte de la nueva expresión, si a esta nueva cara se le puede dar dicha característica.
Pero las venas azuladas que recorrían su cuerpo, ahora se tornan rojizas y diminutas, formando líneas ascendentes hacia la extraña coraza, subiendo por su cuello y escribiendo en su pecho una especie de letra, una especie de señal que, mal interpretada, recuerda vagamente a una N.
Ahora todo su mundo se ha hecho añicos. Los pensamientos tranquilizadores, la búsqueda de respuestas a todo lo que le está pasando en las últimas horas, la esperanza encontrada donde no existía se vuelve contra él, y deja paso a un pánico irrefrenable, a sensaciones que nunca antes había experimentado, a la angustia de no encontrar una salida rápida y real de todo esto...  y vuelve a gritar. Ahora su grito es distinto, no es de horror, es de desesperación.
Clava sus manos en la pared del sucio callejón y asciende por él inconscientemente, buscando una salida natural y física que le aísle de todo esto; necesita aire y su cuerpo reacciona.
Descubre que ha llegado al tejado del almacén sin esfuerzo, usando sus manos como herramientas y no lo comprende. No quiere más sorpresas de momento, porque está seguro que ya no soportará nada más y hace algo que nunca antes había necesitado hacer: llorar.
Llora amargamente, pues no quiere que le ocurra a él. Ahora empieza a comprender que lo que le ha pasado no es un regalo, no es una oportunidad para cambiar la vida que tenía, sino una condena. Una condena de por vida.
Por primera vez, se arrepiente de todo lo que ha hecho. De su larga vida de violencia y abusos, de crímenes y robos, de todo lo que cree que ha podido influir para recibir esta condena. Su arrepentimiento es sincero o, por lo menos, de una sinceridad inusual para él. Espera. Espera. Espera.
Pasan las horas, y con ellas se desvanece cualquier ayuda que su corazón ansía con su arrepentimiento, la esperanza en que sólo sea un mal sueño, desaparece y decide que no va a ir al lugar donde todo ocurrió. No hay esperanza para él.
De un puñetazo, consigue el acceso al interior del almacén y de un salto se introduce en él. Vaya broma, toda su fuerza, todo su poder, que empieza a descubrir, sólo le sirve para poder esconderse de los demás y, aunque no lo reconozca conscientemente, de sí mismo.
Busca un lugar donde nadie le encuentre de momento y decide que lo mejor es esperar, pues está seguro que algo se le ocurrirá, de alguna manera debe encontrar el camino para escapar de esta situación, como siempre ha hecho, como siempre...  aunque esta vez no es igual, y su situación es crítica.
Mientras recuerda las preguntas sin respuesta que algunas horas antes se hacía en la soledad del callejón, se va durmiendo nuevamente, pero en su mente se abre camino una por encima de las demás.
 ¿Quién me ha hecho esto, quién me ha hecho esto, quién me ha hecho esto,....?
Un ruido de puertas corriendo sobre un raíl le despierta, y de inmediato la realidad le atrapa.
Se agacha de forma inconsciente, se refugia un poco hacia el interior de su propio cuerpo, acostumbrado durante muchos años a estar en continua y expectante tensión en espera de lo inesperado. Escucha con atención la conversación tranquila y sosegada de aquellos que están entrando en el almacén. Les envidias, envidias su paz, su situación privilegiada de personas comunes y vulgares, corrientes, con sus problemas para llegar a fin de mes, con sus familias al final de la jornada esperando que lleguen...
Siempre había considerado un signo de debilidad estar atado a una familia, mantener lazos con otros que no sean puramente de negocio; pero ahora se cambiaría por cualquiera de ellos sin pensárselo, con sus problemas, sus miserias, sus preocupaciones.
¡ Bendita vida rutinaria y corriente!
Escucha con atención la conversación que llega a sus oídos, la saborea, añora sus ratos de ocio efímero que tenía tan sólo un día antes, y se siente un poco más sólo, más aislado que nunca.
De pronto, algo que dicen le hace prestar especial atención, le saca del ensimismamiento semi-inconsciente en el que poco a poco se sumergía ayudado por sus recuerdos y por la guía de la conversación ajena.
Hablan del horror que ocurrió unas horas antes. Del monstruoso desastre que aconteció cerca de allí la noche anterior. Hablan de destrucción masiva de varios edificios, de muertos, de explosiones.
Se horroriza escuchando, pues intuye que la causa es él. Intenta oír más. Necesita oír más.
Hablan del comentario que corre por la ciudad, del responsable de tal aniquilación. Hablan de un ser enorme, despiadado, terrible. Se ríen de ello por considerar que la gente no sabe que inventar, ¡ cómo va a existir un monstruo en estos tiempos¡ Conjeturan sobre una explosión de gas, sobre un acto terrorista, sobre un accidente provocado por explosivos escondidos por alguna banda de traficantes de armas, en fin, cualquier explicación es plausible antes que reconocer lo que las lenguas de la ciudad repiten una y otra vez ¡ Un monstruo anda suelto!
Si ellos supieran, si miraran hacia arriba entre las cajas...
Se siente acorralado, pues sabe que las fuerzas del orden buscarán todas las pistas disponibles, todos sus esfuerzos y personal para buscarle, para encontrarle y sólo será cuestión de tiempo, de poco tiempo que le encuentren.
No puede estar escondido por más tiempo, necesita encontrar una salida, una solución inmediatamente.
El destino, a veces, es compasivo, y otorga una oportunidad a quien la suplica con vehemencia.
Los obreros de ese almacén están cargando contenedores para un barco que zarpará en unas horas, según dicen, hacia una isla llamada SAN PEDRO.
Nunca había oído hablar de ella, pero es un lugar remoto, aislado, alejado de esta ciudad que le persigue y que no va a escuchar que lo que pasó no lo hizo de forma consciente, que no es culpable de ello porque no fue responsable de sus actos, le condenarán sin escucharle y le aniquilarán sin contemplaciones.
Es la mejor opción, la única posibilidad de sobrevivir y alejarse, de esconderse y de darse tiempo para pensar en lo que ha ocurrido, en lo que debe hacer y, si es posible, en buscar ayuda.
Apenas le cuesta un pequeño esfuerzo romper de sus goznes una de las puertas del contenedor doblándola  y retorciéndola, para sacar lo que guarda en su interior, y ocupar su espacio ocultándose de miradas indiscretas.
Es irónico; el interior de éste contenedor elegido al azar pertenece a un marchante de obras de arte, de valor suficiente como para que en otro tiempo hubiera considerado dar un golpe en un lugar así, pero ahora ni siquiera repara en ello, tan solo las esconde entre los contenedores mas alejados para que nadie las encuentre durante el tiempo suficiente como para que pueda partir.
No tiene agua, ni comida, ni ropa, pero no le importa demasiado. Ya se ocupará de todo eso cuando se sienta a salvo. Cierra la puerta del contendor con la misma facilidad con la que la profanó y realiza un pequeño agujero para que le sirva de respiradero, a la vez que le permita tener un mínimo contacto con el exterior, con la vida.
Permanece inmóvil, respirando suavemente, intentando no hacer ningún ruido que le delate, aunque no le resulta difícil, pues está acostumbrado al sigilo, a la discreción.
En su mente, una nebulosa de todo lo acontecido hasta el momento, de imágenes borrosas y rápidas, de destrucción en segundo plano, del martilleo en su memoria, de la conversación de los obreros llamándole monstruo, de su necesidad de escapar y, encima de todas las demás sensaciones, el desamparo de la soledad.
Lentamente, en la oscuridad del contenedor y por segunda vez en su vida, llora en silencio, con lágrimas de dolor de alma, pensando en los demás y no en él, pensando en las vidas que ha sesgado, mutilado en unos breves instantes y que no conocía.
No sabe si son muchos o pocos, o incluso si había niños entre las víctimas... Señor, que al menos no sea así. La soledad, la oscuridad y sus ahogados sollozos le acompañan durante muchas horas en el contenedor de un maldito almacén en un puerto peligroso y en espera de ser embarcado en un barco desconocido hacia un destino incierto. Ese es tu gran destino, ¡¡¡con todo tu poder!!!
Sin embargo, en cierta manera se siente protegido, pues la total oscuridad del contenedor, sólo rota por un pequeño circulo de luz en una de las esquinas, le consuela, pues le aísla de su aspecto y le reencuentra con su mente.
Es sólo él, sin corporeidad, y eso le permite tranquilizarse lo suficiente para que su mente se despeje en parte, para que pueda pensar con mas tranquilidad y sosiego, y pueda, poco a poco apartar de su mente las muertes inocentes y dejar paso a las posibilidades que tienes de supervivencia, pues, después de tantos años acostumbrado a ello, eso es lo que es, por encima de todo, un superviviente.
Durante un largo día, está dentro del contenedor, inmóvil, casi estático, esperando que los acontecimientos se desenvuelvan  por una vez como está previsto, sin sobresaltos, pues si es descubierto, se encontraría en una situación muy difícil, no sólo por lo que representa su aspecto y todo lo demás, sino porque no conoce el alcance de su poder, que desata la furia descontrolada y no sabe si será capaz de dominar su impresionante fuerza.
Por una vez, así ocurre. Es transportado al barco y llevado a la bodega , quedando encerrado allí y en espera de su destino. Cuando percibe que cierran las puertas de la bodega, siente que le inunda la tranquilidad relativa de sentirse a salvo, de momento.
Sale del contenedor con la familiaridad de quien ya ha realizado la operación varias veces y vuelve a dejar todo como estaba para no levantar sospechas. Hace muchas horas que no come ni bebe nada y la necesidad de ambas cosas le martillea la mente y la convierte en la necesidad más inmediata, aunque con la mayor de las discreciones.
Busca entre las decenas de contenedores que se apilan a su alrededor, asombrándose la buena visión que tiene, a pesar de la escasa luz del lugar, aunque de momento no le presta mayor atención, y descubre un cargamento de ropa, en concreto varios contenedores destinados a la isla, muestra de agradecimiento de los cientos de ciudadanos americanos de buen corazón que ceden a organizaciones benéficas enseres, ropas y demás aparatos para su utilización en países con grandes precariedades de todo tipo. Con especial cuidado con el orden, indaga sobre todo lo que contienen sabido que el tiempo no es un enemigo, sino más bien un aliado, pues el viaje será largo y la distracción durante el mismo, escasa. Encuentra, sin embargo, suficiente ropa como para que su vestimenta no destaque en la vida real, aunque si cae en la cuenta que a pesar de estar desnudo, nunca ha pasado frío. ¿ Cuál es la razón para este aislamiento térmico?

Una pregunta más para responder en la larga lista de preguntas sin respuesta.